NUEVO ARTÍCULO
DE NUESTRO CRONISTA LOCAL ANTONIO MANUEL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Nuestro cronista local Antonio Manuel Rodríguez Rodríguez nos facilita el tercer capítulo de un nuevo tema sobre la historia de Gilena. En esta ocasión sobre la Guerra de Independencia:
CAPÍTULO III
EL DOS DE MAYO EN GILENA
Si la respuesta general del pueblo fue, en primer lugar pacífica, poco a poco fue aumentado el odio al enemigo invasor que abusaba de sus propiedades, de su dignidad y de su libertad. Gracias a las distintas partidas de bandidos que ya existían, y a las que se unirían algunos paisanos honestos, comenzó una lucha desigual pero muy práctica: la guerra de guerrillas, que tanto daño ocasionaran al ejército enemigo.
Estas bandas habían cambiado de enemigo y pasaron de asaltar a ricos hacendados y de robar en pueblos y cortijos, a luchar contra las tropas napoleónicas. Algunas de estas partidas, que seguramente transitaron por nuestros caminos, fueron las siguientes:
- Partida de Antonio Mellado, que actuó principalmente en el año 1810.
- Partida de Bartolo, de la cual quedan testimonios de varias refriegas en los años 1811 y 1812, una de ellas cerca de Pedrera.
- Partida de Roda, enclavada en Antequera, realizó algunas incursiones en nuestra comarca.
- Partida de Torralvo, aparece nombrada en el libro “Memorial Ostipense”, de Aguilar y Cano.
- Partida de los Guerra, fue la que tuvo más relevancia en la comarca, por haberle hecho mucho daño a la guarnición francesa.
Hubo otras partidas, pero se desconocen su nombre y composición. No cabe duda de que por los datos que se ofrecen a continuación, algunos paisanos nuestros hubieran podido pertenecer a alguna de estas cuadrillas o a otras desconocidas.
Como consecuencia de estas luchas aparecen los siguientes casos de fallecimientos con violencia en los libros de entierros de nuestra Parroquia, correspondiente a estas fechas:
- Andrés Camacho, natural de Gilena, mozo soltero de 20 años, con entierro llano de caridad, muerto de unas heridas el 26 de julio de 1811.
- Antonio Carvonero, natural de Gilena, mozo soltero, con entierro llano de caridad, muerto de un tiro el día 24 de agosto de 1811.
- Eusebio Guerrero, natural de Gilena, casado con María Cabañas, con entierro llano de caridad, muerto violentamente de un “balaso” el 26 de octubre de 1811.
- Juan Campos, natural de Gilena, casado con Inés Pérez, con entierro llano de caridad, murió violentamente de una puñalada el 26 de octubre de 1811.
- Francisco Maldonado, natural de Osuna, casado, con entierro de caridad, se halló en el campo muerto a puñaladas, el 26 de noviembre de 1811.
- Francisco Ruiz, alias “Carambú”, natural de Gilena, mozo soltero, con entierro llano de caridad, muerto de un tiro el 18 de marzo de 1812.
- Blas Carvonero, natural de Gilena, casado con Cayetana Camacho, con entierro de caridad, murió violentamente de unos tiros, el 26 de mayo de 1812.
- Lope Rodríguez, natural de Gilena, mozo soltero, con entierro de caridad, muerto de unos tiros el 29 de mayo de 1812.
- Tomás Ruxano, natural y vecino de Estepa, casado con Mª Teresa Fernández, con entierro llano, murió violentamente de unos tiros y cuchilladas el 18 de julio de 1812.
- D. Jerónimo Alvarez de Cantalejos , natural y vecino de Estepa, casado con Dña. Antonia de Reina, con entierro de caridad, muerto de unos tiros y heridas de arma blanca el 5 de agosto de 1812.
“Y hasta saben hacersetirabuzones,con las bombas que tiranlos fanfarrones.” De las actas anteriores se pueden obtener varias conclusiones que nos deben clarificar varios aspectos del conflicto. En primer lugar, por el tipo de entierro de los fallecidos, la procedencia social era de lo más humilde.
Debemos indicar que los tipos de entierros en aquel tiempo eran los que siguen de mayor a menor categoría: General, Solemne, Llano, Llano de caridad y por último de Caridad.
Todos los entierros descritos están comprendidos en las categorías más bajas. Tan sólo el último, un vecino de Estepa, tiene el tratamiento de Don, aunque su entierro fuese de Caridad. Excepto tres, los demás son naturales y vecinos de Gilena y de los siete, cuatro son mozos solteros y tres casados.
De estos datos podemos dibujar el prototipo de paisano que luchó y murió por su libertad: joven, soltero, de procedencia social humilde y con poca instrucción, si atendemos al bajo nivel cultural existente en una época donde abundaba el analfabetismo.
Relativo a la represión que llevó a cabo el ejército francés en la comarca, sorprende de nuevo nuestra pequeña localidad que tuvo un saldo trágicamente negativo en cuanto al número de víctimas.
La represión es tan antigua como la guerra misma y la suelen llevar a cabo todas las tropas invasoras al conquistar algún territorio desconocido para coaccionar mediante el miedo y el terror al resto de la población. La primera víctima de nuestro pueblo aparece en la vecina Osuna, se trata de Antonio de Rivas, natural de Gilena, mozo soltero y que fue ahorcado, junto a otros cuatro ursaonenses, en la mañana del día 28 de enero de 1811 en el patíbulo que se montó en la Plaza Mayor.
No se conoce el origen del delito que cometieran los cinco infelices, aunque por las fechas pudiera coincidir con la entrada de las guerrillas en Osuna y el robo de las cajas reales. Para dar público escarmiento se montó a conciencia el ajusticiamiento y el posterior reparto de sus cuerpos por diversos sitios y caminos, entradas y salidas de la villa ducal.
Por las declaraciones en los testamentos de algunos de los ajusticiados se desprende su condición humilde y su bajo nivel de instrucción (casi ninguno sabía escribir ya que no aparecen firmadas sus declaraciones).
Además de esta ejecución, al año siguiente ocurrió seguramente el caso más trágico y dramático del período de tiempo bajo el mando francés. Tal suceso tuvo lugar el día siete de junio de 1812 cuando siete paisanos nuestros fueron “alcabuceados” (fusilados) por algún destacamento enemigo en el término de Estepa, donde se encontraban detenidos.
No existe ningún documento encontrado en el que se pueda averiguar el motivo de la detención y del posterior fusilamiento. Tal hecho ha llegado hasta nosotros gracias a las mujeres viudas de dos de los siete fusilados y que tuvieron el coraje, la constancia y la fe suficientes para que sus maridos aparecieran en las actas del Libro de Entierros del Archivo Parroquial.
Pero lo curioso es que aparecen nada más y nada menos que a los nueve y catorce años y gracias también al permiso que concedió el Sr. Vicario de Estepa para que el cura párroco D. Antonio Díaz pudiese inscribirlos fuera de lugar y de tiempo en dicho libro.
“Son de piedra y no se notan,las murallitas de Cádiz, son de piedra y no se notan para que allí los franceses se rompan la cabezota.”
