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NUEVO ARTÍCULO

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#Didáctica #Voluntariado 03/05/2024

DE NUESTRO CRONISTA LOCAL ANTONIO MANUEL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

n20240503-01
Nuestro cronista local Antonio Manuel Rodríguez Rodríguez nos facilita el segundo capítulo de un nuevo tema sobre la historia de Gilena. En esta ocasión sobre la Guerra de Independencia:
EL DOS DE MAYO EN GILENA
CAPÍTULO II
Gilena se encontraba en un franco proceso de aumento de la población, ya sabemos que desde el siglo XVII, la población crecía ininterrumpidamente. Así en el censo de 1787, nuestro pueblo contaba con unos 1.600 habitantes, mientras ya en 1845 ascendía a unas 2.350 almas, por lo que podemos deducir y calcular que para estas fechas, en nuestro término habitaban aproximadamente 1.900 paisanos.
Pero debemos centrarnos concretamente en los años de la ocupación, período de 1810 a 1812 y ver cómo evolucionó la población, expuesta a las fiebres y epidemias que solían asolarla por aquel tiempo. Respecto a la natalidad, los porcentajes son altísimos, así en el año 1810, el índice de natalidad fue del 36´3 por mil, para 1811, el 44´2 por mil y para 1812 el 40´5 por mil; si lo comparamos con datos actuales (en el año 1975 hubo una tasa del 18,3 por mil, mientras que en 2007 fue de 11,3 por mil).
Los datos sobre la mortalidad son los siguientes, para 1810 el índice fue del 8´4 por mil, para 1811 el 12´1 por mil y para 1812 el 23´1 por mil. Destaca este último año doblando la tasa del año anterior, debido a los 16 fallecidos por indigencia y los 10 muertos a manos de los franceses. Si lo comparamos con el año 1975, cuya tasa fue del 8´8 y con la de 2001 que ha sido del 10´5 por mil, los índices tienen menos diferencias que los de la natalidad.
Y por último el crecimiento real de la población (número de nacidos menos el de fallecidos) de estos años, arroja unos porcentajes muy elevados si los comparamos con los más actuales. Se obtienen el 27´8, el 32 y el 17´4 por mil respectivamente para los años 1810, 11 y 12, mientras que el del año 1975 es del 0´9 por mil y todavía más bajo el de 2007, con el 0´7 como índice de crecimiento.
​La economía de entonces giraba casi totalmente en torno a la agricultura, así un 85% de la población trabajaba en el sector primario: agricultura y ganadería, repartiéndose el 15% restante en los sectores secundario: industria y artesanos – el 7%- y terciario: servicios –el 8%-. Dada esta dependencia tan directa de la agricultura, cuando una mala cosecha acaecía las capas más bajas de la población lo sufrían de forma clara. Por ejemplo en el año 1812 murieron hasta 16 personas en nuestro pueblo de indigencia (por hambre), debido a las malas cosechas de años anteriores.
​Como ocurría desde siglos anteriores la agricultura imperante en nuestro término era el cultivo de secano: olivar y cereales (trigo y cebada) y en menor medida, pero muy importante, el cultivo de regadío (productos hortofrutícolas). Y por supuesto derivados de la agricultura se encontraban los tradicionales molinos, ocho harineros movidos por la fuerza motriz del agua del Arroyo de la Ribera y dos aceiteros.
​La ganadería en nuestro término sufrió de forma negativa las consecuencias de la ocupación, pues se ordenó talar los bosques de encinas de las sierras, que hasta entonces eran destinadas a la crianza del ganado porcino y como dehesas para potros y yeguas. El motivo pudiera ser el de clarear las sierras para hacer desaparecer los posibles escondites de las guerrillas y poder observar sus movimientos desde lejos.
​Respecto al Pósito –institución de crédito rural destinada a solventar las numerosas crisis de subsistencias-, no contamos con ningún dato de los años de la ocupación francesa puesto que en el libro de anotaciones de los préstamos de grano que se hacían a los labradores, existe un período de seis años desde 1810 – coincidiendo con la entrada de los franceses- hasta 1816, sin contabilizaciones. Aquí se demuestra el intervencionismo que realizaron los franceses, desde un principio, para controlar nuestra economía. De todas formas, antes incluso de la llegada de los invasores, el Pósito se encontraba ya muy mermado por motivo de pagar grandes sumas de caudal público para contribuir a la formación de partidas contra el bandidaje que asolaba la comarca.
“Que las hembras cabales
en esta tierra
cuando nacen ya vienen
pidiendo guerra, ¡guerra, guerra, guerra!
​Antes de comenzar el relato de la invasión y permanencia de los franceses en nuestro pueblo, hay varios datos no muy relevantes pero que hay que explicar y dar a conocer. Dado nuestro estratégico enclave geográfico, desde muy antiguo nuestro término ha estado atravesado por importantes vías de comunicación, como son la Cañada Real de San Fernando que transitaba desde Sevilla a Granada y la Cañada Real de Ronda a Écija, además de otros caminos secundarios. Para clarear estas vías principales de comunicación y así no dejarse sorprender por los ataques sorpresas de las guerrillas, el Mariscal Soult mandó talar olivos u otros árboles a una distancia de 50 “toesas” (medida de longitud francesa equivalente a 1,94 metros) de cada lado de los caminos.
En 1808 en el primer intento de conquistar Andalucía los franceses sufrieron una gran derrota en Bailén, el 19 de julio, a manos de general Castaños que venció a su colega Dupont y en la que rindieron sus armas 18.000 franceses. La mayoría de estos fueron conducidos hasta Cádiz por varias vías de comunicación importantes para embarcarlos y devolverlos a su país. Como prueba del paso de estos prisioneros por nuestro término la tenemos en el entierro de Esteban Derocier, fallecido el día 31 de octubre de ese año, soldado francés, prisionero de Guerra, natural de Virson (Vierson), en el departamento de Cher (Centro de Francia), murió de disentería, según consta en el acta del libro de entierros nº 4 de nuestra Iglesia.
​El siguiente caso no es otro que el de un estudiante gilenense, Francisco de Gálvez Luna, nacido el 20 de julio de 1793, que había ingresado en el Colegio de Ntra. Sra. de la Asunción de Córdoba en el mes de septiembre de 1807 para estudiar Matemáticas y Filosofía. Con motivo de la entrada de los franceses en la ciudad califal en 1810, nuestro paisano tuvo que dejar sus estudios en el tercer año, sin que volviera posteriormente.
​Con esta precariedad, la población de nuestro pueblo va a sufrir irremisiblemente la ocupación del ejército francés.
Ocurrió el 28 de enero de 1810, día en que entraron los invasores en nuestras tierras, procedentes de Écija, después de conquistar Córdoba y con la intención de hacerlo con Sevilla. No disponemos de datos fiables de que mandasen soldados a ocupar el entonces Lugar de Gilena, pero todo hace pensar que sí, porque el Pósito dejó de anotar sus préstamos, signo de que fuese intervenido durante la ocupación en el intento de administrar los caudales públicos para sus propios fines. De esta forma soldados franceses serían alojados a la fuerza en las casas más pudientes para ahorrarse así la manutención de la tropa.
​Durante la ocupación los franceses cometieron muchísimos desmanes con la población civil, aunque también muchos de ellos desaparecieron “de la noche a la mañana”, como consecuencia de la reacción del pueblo, que siempre había sido inteligente y pacífica ante el insultante poder militar francés.
​Nuestro término, junto al resto del Marquesado de Estepa, quedó adscrito a la Subprefactura de Osuna e incluida en la Prefactura de Málaga, según la nueva división político-administrativa napoleónica.
Militarmente el Marquesado llegó a tener dos distritos, en primer lugar fue incluido en el Distrito de Écija, para más tarde pasar al de Osuna. El Comandante Militar de Estepa fue en un principio, Luis Bourbon Busset, capitán del Regimiento nº 27 de Cazadores a caballo. Al igual que este, también hubo otros regimientos que intervinieron en la comarca, como son el Rgto. nº 14 de Dragones, el Rgto. nº 43 de Infantería de Línea, el Rgto. nº 54 de Infantería de Línea, el Rgto. nº 5 de Dragones, el Rgto. nº 55 de Infantería de Línea, el Rgto, nº 21 de Dragones, el Rgto. nº 10 de Cazadores, así como otros más.
Pruebas fehacientes del paso de estos soldados por nuestro término, son los botones de las casacas de los franceses que intervinieron en las distintas refriegas habidas por los caminos y que fueron hallados en distintos lugares de nuestro término municipal.
“Y se ríen alegres
de los mostachos
y de los marriones
de los gabachos.”